Contra el voluntariado

En la última edición de BioCultura, en el stand de una asociación de educadores ambientales, tenían este panfleto.

El voluntariado queda bonito, para las asociaciones que hace que se le acerque gente para hacer cosas ñoñas, para gente que quiere lavarse un poquito la conciencia y para las autoridades que lo ven como algo inofensivo y rentable políticamente. Incluso se llegan a hacer cursos de voluntariado (?) como si se hicieran cursos de conciencia o responsabilidad.

Y en esa seguimos. Por eso nos ha gustado tanto este texto.

CONTRA EL VOLUNTARIADO

En la historia de los movimientos sociales y de sus organizaciones tanto en España como en el resto del mundo, no se encuentra por ninguna parte la figura del “voluntario”. Nos estamos refiriendo a las asociaciones vertebradas por grandes ideales, cuyos objetivos eran los de mejorar decididamente la situación de los más desfavorecidos a través del apoyo mutuo y de la solidaridad. Se pretendían alcanzar los valores supriores que han anhelado los seres humanos de todos los tiempos: justicia, equidad, fraternidad. Desgraciadamente, nuestra sociedad postmoderna, impregnada por el consumo y el individualismo, ha ido alejándose de aquellos grandes proyectos, difíciles y lejanos sin duda, mal irrenunciables para todo ser humano sensible y de buena voluntad. Se abandonaron las opciones más comprometidas, cayó la afiliación a las asociaciones y se redujo drásticamente el alcance de los objetivos iníciales hacia metas más pragmáticas e inmediatas.

En unos momentos en que la sociedad civil debería ser fuerte y estar bien organizada para que los pueblos y los ciudadanos asumieran el verdadero protagonismo de la historia, las organizaciones sociales se encuentran más débiles que nunca. Es una consecuencia mis de la sociedad materialista y opulenta en la que sólo lo privado tiene cabida. Mas, como los problemas sociales no han desaparecido (erradicación de la pobreza, alfabetización, salud, daños ambientales, exclusión…), no se ha visto mejor manera de enfrentarse a ellos que través de opciones inofensivas para el sistema que los origina: caridad, donativos, apadrinamientos, voluntariado…, que son respuestas parciales y sesgadas, con más de paños calientes que de respuesta profunda, yq ue en modo alguno se encaminan a transformar la sociedad. Hoy, que disponemos de más conocimiento, más tiempo y mis dinero, curiosamente estamos respondiendo peor que aquellos militantes históricos que tras jornadas de trabajo de 10 o más horas, aun encontraban espacio para luchar y trabajar por un mundo más justo. Aunque, sobre el papel, el voluntariado no se opone al asociacionismo, en la práctica representan caminos opuestos. Es curioso que algunas organizaciones publicitan “Hazte voluntario” y no “Hazte miembro”. El voluntario realiza así una tarea, más o menos encomiable, según se le indica, pero no se implica completamente como ocurre cuando se entra a formar parte de una organización. Asociarse no significa dedicar las 24 horas a la entidad donde nos integremos. Sino formar parte de un colectivo que pretende unos determinados fines en los que se cree y a los que se va a contribuir. Asociarse supone más esfuerzo y compromiso: se deben pagar cuotas, acudir a asambleas, elegir y. eventualmente ser elegido para alguna responsabilidad, pero esto es lo que verdaderamente hace fuertes a las personas y a la sociedad.

Las personas crecen cuando se asocian, porque responden así a una de las dimensiones que todo ser humano tiene: la social y comunitaria. Una asociación depende de todos sus miembros, y que exista un buen funcionamiento y se alcancen los objetivos marcados tiene que ver con el grado de implicación personal. En un colectivo se aprende y se discute en un clima de apoyo mutuo y responsabilidad. Se avanza comunitariamente, la única manera, en palabras de Pablo Freire, de educarse y liberarse, haciéndonos evolucionar como personas.

En cuanto a la sociedad civil, para que sea sólida y pueda alcanzar el protagonismo a la que está llamada (…) no debe sólo contar con individuos aislados, voluntarios o no, sino con organizaciones que sean interlocutoras entre la sociedad civil y el poder político, y dentro de la propia sociedad. Cuando Aristóteles se refería al ser humano como animal político no aludía a la política profesional sino a esta dimensión de interés por lo público que debe cristalizar con la adhesión a aquellos colectivos con los que nos sintamos más afines. Esta actuación política es genuinamente humana y a través de ella nos interesamos por los problemas del mundo, con especial atención a sus cauas, y respondemos a sus desafios.

Otra de las perversiones del voluntariado se encuentra en la separación entre el staff o personal fijo (los que proyectan y cobran) y los voluntarios (los que ejecutan). En las grandes organizaciones históricas no existían puestos remunerados y todos sus miembros intervenían en las decisiones y actuaciones. (…) Hoy, muchas entidades, incluidos los sindicatos, dependen de las subvenciones sin las cuales apenas pueden actuar, lo que no deja de ser una contradicción que restringe la autonomía de quien depende de dinero público. Frente a ello existen otros modelos, sin negar las ayudas económicas puntuales, más participativos y coherentes.

Se ha criticado a veces al voluntariado por representar mano de obra barata que alivia las necesidades prácticas de los directivos de ciertas entidades. Y aun pudiendo ser cierto, no nos preocupa tanto esto como la disociación que se establece entre los que piensan y los que ejecutan. Entendemos que lo que verdaderamente forma y desarrolla a las personas no es el ponerse a  las órdenes de alguien (salvo en momentos urgentes y puntuales), sino participar plenamente de los procesos asociativos. Esto supone proponer, debatir, escoger, proyectar, actuar y evaluar. Al voluntario se le llama sólo para una fase –la actuación- pero se le priva de las demás, que son igualmente importantes. Y toda persona con sensibilidad e inquietudes debería participar perfectamente del resto, sintiendo el proceso como propio. Existen una serie de capacidades o habilidades que se desarrollan cuando una persona forma parte de una organización, y que, por su naturaleza, suelen estar ausentes en los programas de voluntariado:

• Capacidad de captar, seleccionar y compartir información, de modo que cada individuo, por el hecho de pertenecer a un colectivo, tenga mejor conocimiento de la realidad o de la propia situación.

• Capacidad para detectar problemas y aportar todas las sugerencias pertinentes.

• Capacidad para seleccionar las propuestas mejores.

• Habilidad para mantener un nivel eficaz de cooperación y apoyo, de manera que la pertenencia al grupo sea fuente de ánimo y crecimiento.

• Capacidad para fijar objetivos estimulantes y criterios claros de evaluación, de modo que cada miembro del grupo sepa si se están alcanzando o no.

• Habilidad para resolver los conflictos afectivos que afloran en los trabajos en equipo o en la convivencia.

• Capacidad para mantener el ánimo en los momentos de dificultad.

• Capacidad para aprender de los errores.

• Capacidad para aumentar las posibilidades reales de cada miembro del grupo.

Estar dentro de una organización estable supone también tener siempre delante objetivos finalislas. Siempre se han establecido objetivos y estrategias a corto, medio y largo plazo, y estos últimos son los que contienen las grandes aspiraciones, entre ellas la conquista de la sociedad justa, fraterna y sostenible. Actuando como voluntarios para una entidad tenemos bastantes posibilidades de quedarnos con lo inmediato y lo cortoplacista, y nada nos recordará que detrás de la actuación puntual debemos apuntar a objetivos más elevados, pues de lo contrario estaremos poniendo parches toda la vida. Las asociaciones, sea cual sea su contenido, suelen definir unas metas finales que sean las que iluminen todo su acontecer. En este sentido, se debe mantener un nivel de utopía que, según nos recordaba Eduardo

Galeano, aunque lejana, nos servirá para fijar nuestra mirada y caminar.

De la pertenencia de una persona a una organización, no sólo cabe esperar la aportación de aquella hacia esta, sino también lo contrario, ya que la presencia de una persona en un grupo supone que crezca y aumente su formación y conciencia, según los apartados anteriormente expuestos. Pero para ello es imprescindible que la persona pertenezca al colectivo y se sienta parte de él, y que su integración no sea sólo cosa de días o meses, sino de periodos de tiempo superiores, casi diríamos que sin plazo, por cuanto que cuando alguien entra a formar parte de una asociación lo hace sin poner límite, como consecuencia de un acto voluntario por el que decide apoyar una causa en la que cree.

Cuando se dan estas circunstancias cada persona elige su nivel de implicación en función de su compromiso. Y será en la práctica donde se fomentara la conciencia, tanto externa como interiormente. Asimismo, la formación no depende tanto de cursos preparados de duración limitada (que también pueden impartirse a los voluntarios), sino de la combinación entre reflexión y práctica, y siempre que forme parte de un proyecto desde su inicio. Ser partícipe de la creación de líneas de trabajo, de su desarrollo, de su revisión, es lo que verdaderamente forma militantes y los prepara para la vida.

Si lo que se busca son actuaciones superficiales, el voluntariado vendrá como anillo al dedo. El poder, el sistema, lo verá con muy buenos ojos, todos les aplaudirán y quedarán dentro de lo políticamente correcto. Mas la sociedad apenas cambiará porque los voluntarios (yla mayor parte de las entidades que los promueven) no suelen cuestionar la raíz del sistema ni se atreven a proponer un modelo alternativo. Si así lo hicieran comprenderían que no es desde el voluntariado desde donde se transforma la sociedad, sino que para tal tarea se requieren otras estructuras, con objetivos a largo plazo y que actúen día a día dando respuesta a cada dessafio, al tiempo que promueven la conciencia y elcompromiso de sus miembros.

En algunos congresos anuales del voluntariado en España, la inauguración de los mismos corresponde a las más altas instancias de la jefatura del Estado, incluida la presencia del propio Príncipe, que dirige unas palabras de apertura ante la euforia del auditorio. Esto no sólo muestra et bajo nivel de conciencia de los voluntarios (y las entidades que lo promueven) que aplauden a la representación del poder (…). sino cómo el movimiento voluntario es totalmente inofensivo para el sistema, pues de lo contario no vendrían sus representantes a respaldarlo.

Toda propuesta honesta y no ingenua frente a los problemas de nuestro tiempo, como la pobreza, los derechos humanos o el medio ambiente, debe cuestionar el modelo económico capitalista, pues de él derivan directamente todos los daños. En cierto sentido es preciso ser revolucionario por cuanto hay que conocer y analizar la raíz de la que derivan los problemas sociales para proponer alternativas superadoras del sistema, de manera realista y, desde luego, sin recurrir en ningún caso a vías violentas. Pero mientras la sensibilidad de los hombres ymujeres de buena voluntad se encamine hacia el voluntariado, el sistema dormirá tranquilo y complacido.

COLECTIVO DE ASOCIACIONES

naturambiente12@yahoo.es

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