Diario de Alcalá y machito Naranjito

 

Si seguís Diario de Alcalá habréis notado durante este curso una declarada guerra al rectorado de la Universidad de Alcalá. Ha salido de todo: corrupción, enchufismo, pérdida de calidad, despilfarro…

Parecería, a primera vista, que es la labor inexcusable de un medio de comunicación independiente que saca a la luz la verdad informativa para el conocimiento de sus lectores y de la ciudadanía en general. Tururú. En realidad es un pronto machistoide y nepotista del Director de dicho periódico.

Vamos por partes. Como siempre para entender las cosas, hay que echar la vista hacia atrás. Empezamos en julio del año pasado. Antonio Rodríguez Naranjo envía una carta al diario El País con el siguiente texto:

Yo acuso: Manuel Marín y Javier Valenzuela

Sirvan estas líneas, que espero tengan a bien publicar, para denunciar a uno de los periodistas de El País, Javier Valenzuela, que se sirve de su cargo y por tanto de un periódico respetable que usa como si fuera una propiedad personal, para conseguir sistemáticamente puestos de trabajo para su esposa.

Que además lo haga en connivencia con políticos tan conocidos como el ex presidente del Congreso, Manuel Marín; en organismos públicos financiados por el mismo ciudadano que quizá esté en el paro y aprovechándose de una injusticia y de un ataque a otro medio de comunicación; es sencillamente repugnante y digno de ser conocido.

Allá donde este señor, que ha hecho de su presunta defensa de valores tan nobles como la igualdad y el progreso una forma de vida rentable, ha tenido responsabilidades periodísticas y políticas, su pareja ha encontrado un puesto de trabajo: en los medios del grupo Prisa; en la Casa de América donde estuvo su amigo Miguel Barroso; en el Congreso de los Diputados de Manuel Marín y ahora en la Universidad de Alcalá, pese a tener una vocación tardía y poca o nula experiencia previa.

Lo ocurrido en este último destino me ha llevado a indagar y a conocer la secuencia antes descrita: el despido de mi mujer, no por su rendimiento ni por un cambio global en el equipo del nuevo rector que no prescindió de nadie más, sino por la línea crítica de mi periódico; y su sustitución por la de Valenzuela me ha permitido descubrir la deleznable confusión entre intereses personales, responsabilidades institucionales y deontológicas y, por último, nepotismo y clientelismo en su versión más vergonzosa.

Por hacer yo mi trabajo como periodista; mi pareja ha perdido el suyo, ganado con esfuerzo y profesionalidad. Por no hacer el suyo, Valenzuela ha logrado uno que no merecía a su mujer: la aparición del nuevo rector, Fernando Galván, en las páginas de El País en formatos como encuentros digitales o ‘Cuartas Páginas’ sugiere un uso espurio del cargo para premiar el favor personal. La eliminación de todo rastro informativo de las múltiples dudas urbanísticas y económicas que mi periódico ha venido contando sobre la gestión de Virgilio Zapatero y Fernando Galván, simplemente consolida esa sospecha y hace aún más grave el uso personal de un periódico tan insigne.

Esto no es un asunto personal, por mucho que me indigne constatar el precio que pagan terceros por ejercer con dignidad el periodismo y el beneficio que obtiene otros por no hacerlo; sino un ataque a la libertad de expresión y, a renglón seguido una demostración de libro de algunos de los males que asolan al país y tal vez expliquen en parte su crisis: si Valenzuela se sirve de su trabajo para obtener prebendas para su familia, socavando las esencias de la profesión periodística por un plato de lentejas; Manuel Marín le sirve de percutor desde su puesto en la Universidad de Alcalá, en un extraño centro de alta política creado ad hoc para él por el ex rector, ex ministro y ex vicepresidente de Cajamadrid, Virgilio Zapatero.

Estas élites que, sin arriesgar nunca su propio dinero y patrimonio, manejan el de todos a su capricho, crean y utilizan instituciones y organismos duplicados para tener sus propios beneficios, sin entender el precio contable y moral que pagamos todos por su despilfarro moral y deontológico.

La única defensa es contarlo, aunque alguno pueda pensar legítimamente que esto es una pataleta personal. Que se sepa, y que se indague e investigue cuántos familiares de Marín (el hombre que iba de Al Gore y acumula despachos, uno de ellos en una empresa que quiere subir la luz a los obreros en plena crisis), Valenzuela (el periodista que tanto presume de buscar la igualdad y perpetra o se aprovecha de una persecución machista a una mujer), Virgilio Zapatero (el militante que vale para un ministerio, una Universidad o un banco, todo a la vez siempre y cuando sus amigos queden bien parados), Fernando Galván (el rector que transige con todo por un artículo y su promoción personal mientras silencia las polémicas urbanísticas y económicas de una Universidad en crisis) y tantos otros como ellos trabajan en el Defensor del Pueblo, en universidades públicas y organismos de toda laya -¿A cuántas latinoaméricas hay que ayudar viendo la pléyade de entidades que se dedican a lo mismo y están plagadas de nombres célebres?- mientras 4,5 millones de personas aspiran a lograr un simple trabajo con el que llegar a final de mes.

Si, yo acuso, y aunque todo esto comience con una injusticia hacia una inocente y con una persecución a un periódico pequeño geográficamente pero enorme en lo profesional, casi me alegro de que haya servido para que, como periodista con la tribuna de la que tantos otros carecen, pueda contarlo y siga investigándolo. Pediría al resto de los medios que hagan lo mismo: lejos de ser una anécdota económica, este tipo de comportamientos retrata a un país capaz de congelar las pensiones a los jubilados mientras quienes deciden algo así no carecen de nada y comen cada día en restaurantes a la carta.

Evidentemente, no le publican la carta. Después,  ha venido el aluvión de destapes de escándalos, dudas y escandalitos de la gestión de la Universidad de Alcalá. Todas las semanas machancando en ello. Como si al resto de la ciudad le interesase tatno como a Antoñito.

Si alguien no conoce a Antonio Rodríguez, el director de Diario de Alcalá, la carta le parecerá sonrojante por el tufillo machista que desprende. Si además le llevas conociendo desde hace varios lustros años, entonces la carta sirve para desternillarse de risa.

Lo reaccionario: Naranjito reta a duelo a un tipo que es el marido de la mujer que ha sido la sustituta de su mujer (la de Rodríguez) en un cargo a dedo. Ni siquiera tira directamente contra quien ha decidido la sustitución, o su máximo responsable, el rector. Sin comentarios.

Pero el resto de la carta y la alusión a “la línea crítica de mi periódico” y a su labor en destapar “dudas urbanísticas y económicas de la gestión de la Universidad de Alcalá” es patética. No porque no sea cierto que lo hayan hecho, si no porque es la única línea crítica con cualquier institución local. ¡Y mira que hay campo y oportunidades para más líneas críticas con el Ayuntamiento, con el Obispado, con la Bripac, con las grandes empresas, con la banca, con la Comunidad de Madrid… Pero no, los únicos que merecen la crítica son la Universidad y, por supuesto, cualquier asociación, sindicato o movimiento que tenga reclamaciones sociales críticas, a su vez, con el poder. Les encanta zumbar a los/as funcionarios/as municipales. Se pirran desde siempre.

Y es que ya son muchos años de un Naranjito que empezó de Pepito Grillo lenguaraz de la política local. Que dió dar el braguetazo con el Grupo Prisa (¡que casualidad!) para sacar un periódico que siempre ha sido mediocre, para terminar en manos del PP local y regional más reaccionario imposible. Y que llegó hasta para ponerles la soga al cuello a sus propios compañeros periodistas de la emisora “Ágora de Alcalá”, aquella que su periódico llamaba “Onda Peinado”.

Ahora juega a ser megaempressario de la comunicación con su mini-plataforma multimedia de mini-medios. Por eso suena a sarcasmo sus alusiones populistas y obreristas de las últimas frases de la carta. O eso de señalar a otros porque “usan un periódico como si fuese una propiedad personal”

Ahora entenderéis porque le dan tanta leña a la Universidad y tan poquita a cualquier otro poder por corrupto o inepto que sea, siempre que sean fuentes de publicidad.

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1 comentario

Archivado bajo Alcalá, Prensa

Una respuesta a “Diario de Alcalá y machito Naranjito

  1. suso

    Deberían investigar el dinero público que ha recibido el diariode alcala por parte del ayuntamiento de Alcalá y va de neoliberal

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