La cafetería de Filosofía y Letras de la UAH como muestra del desatre de la lógica del capital

En el último número del fanzine del Colectivo Miles de Voces de la UAH, viene un artículo contando y analizando lo que ha pasado y está pasando con la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras.

Nos gusta el artículo porque hacen una análisis a nivel casi micro de lo que implican las políticas del capitalismo salvaje en la vida cotidiana de una facultad.

Lo reproducimos entero. Os podéis descargar también el fanzine entero en la página de la asociación, pero es bastante lioso.

EPR

CAFETERÍA DE LA FACULTAD: DONDE EL INTERÉS PRIVADO PRIMA SOBRE EL COLECTIVO

Este curso académico, en el que todos volvemos a recuperar la rutina diaria de la vida universitaria de la facultad, ha habido un elemento que rompe dicha dinámica. Es la ausencia de la cafetería de Filosofía y Letras, tanto en el servicio que ofrece como en el espacio físico que ocupa, el cual está cerrado a cal y canto.

El cierre de esta cafetería responde a una lógica que se ha ido imponiendo en el sistema universitario actual, como en otros servicios públicos (sanidad, educación, etc.). Se trata de que elementos puntuales de los servicios públicos se externalicen y pasen a ser gestionados por manos privadas. Estos servicios pueden ser la limpieza, servicio de cafeterías, reprografía, etc.

Esta crítica puede resultar banal si la comparamos con los ataques que se están produciendo hacia los servicios públicos, ataques recientemente representados en las propuestas del Gobierno Autonómico de Castilla-La Mancha, presidido por Cospedal. Pero creemos que todo responde a la misma lógica capitalista: la obtención del beneficio privado en vez del interés general, sólo que actuando en un aspecto tan concreto como el de una pequeña cafetería de una universidad.

Centrándonos en el hecho de la cafetería de nuestra facultad –que es lo que le corresponde a este texto analizar– vemos como esa lógica se ha ido imponiendo poco a poco hasta llegar a la situación actual.

La cafetería de la facultad ha estado gestionada por la empresa de hostelería de Pedro Díaz Ruzafa. Quienes habéis comido o pasado un rato en ella sois testigos de la insalubridad de los alimentos que se ofrecían. Además los precios de los productos están lejos de considerarse precios populares. A pesar de esto, la cafetería obtenía beneficios (una cafetería universitaria por definición los obtiene).

Sin embargo, en septiembre la cafetería no abre sus puertas. Ruzafa, quien solía hacer contratos que caducaban en julio para no pagar a sus trabajadoras los meses de verano, decide no volver a adquirir la cafetería.¿Las razones? No quiere mantener uno de los tres puestos de trabajo de la facultad. Éstos están vinculados a la Universidad: si una empresa quiere adquirir la cafetería tiene que contratar a las trabajadoras.

Se abre concurso público y Ruzafa emite informes negativos dando una mala imagen de las trabajadoras y de la cafetería. Quiere que la Universidad despida a una de ellas, y no quiere que ninguna otra empresa adquiera ese servicio. Esto último lo consigue con dichos informes.

Así, la situación de la cafetería está congelada, con las trabajadoras sin su puesto de trabajo, y con Ruzafa tranquilo. Él ya dispone de la cafetería del Rectorado, la cual le da los suficientes beneficios como para mantener la pequeña cafetería de Filosofía y Letras.

Creemos que la gestión de la cafetería nunca debió haber pasado a manos privadas. La situación ha degenerado en que la cafetería esté cerrada (literalmente la sala está cerrada con cerrojo), y las trabajadoras sin su trabajo.

El que se pase la cafetería a otro propietario privado supondrá pan para hoy y hambre para mañana. Creemos que esta situación se ha producido porque la cafetería está en manos privadas, y que siempre mirará la obtención de su propio beneficio. La única solución es que esta cafetería se gestione entre toda la comunidad educativa, que sea esta comunidad quien marque los precios en base a criterios no mercantilistas. No es algo utópico, tal vez sería de dotar a la Comisión de Cafetería de unas funciones reales. Cómo se organiza esa “Comisión” es otro debate.

Sin embargo, ahora mientras ese espacio permanece cerrado no sería para nada descabellado que los estudiantes en su conjunto decidieran utilizarlo, puesto que está vetado actualmente, para darle un uso social, cultural o político. Pero para que eso suceda tiene que darse ese debate entre el estudiantado. Así que…

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Archivado bajo Alcalá, Universidad de Alcalá

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