Historia de la Universidad de Alcalá, 1508-1843

Este texto ocupaba cinco paneles de la exposición “La huella de Cisneros”, que estuvo de noviembre de 2009 a febrero de 2010 en el Instituto Cervantes de Alcalá.

El título del texto se lo hemos puesto desde el blog, a sabiendas de que suena a plomo. Pero nos lo hemos “picado” (a partir de fotos de los paneles) porque nos parece un texto breve que cuenta con claridad la evolución histórica de la Universidad de Alcalá, incluyendo sus posiciones políticas y eclesiáticas, su relación con el Poder y las causas de su desaparción en el siglo XIX.

EPR

 En términos numéricos, punto álgido de la Universidad de Alcalá se alcanzó entre el 1600 y 1650, cuando había abiertos en la villa más de cincuenta colegios y matriculados en los diferentes estudios alrededor de 3.000 alumnos, que representaban más de un tercio de la población alcalaína

Imagen de la Universidad de Alcalá hacia 1870 (Flickr de la Biblioteca Nacional)

Urbanísticamente, el establecimiento de la universidad y la erección de tan extenso número de colegios y conventos, la residencia de estudiantes por libre en numerosas casas y la reformas de manzanas y calles supusieron un cambio en la vida de la villa, hasta tal punto que, a grandes rasgos, entre 1500 y 1836 se superpone su evolución con la de la universidad (…). Podrían distinguirse, no obstante, cuatro periodos de distinto carácter que, en última instancia, facilitaron primero la impresión de la “huella de Cisneros” en Alcalá y , más tarde, desde mediados del siglo XVII y hasta 1975, su progresiva difuminación.

1º) Desde la entrada en funcionamiento de la universidad (1508) y hasta mediados del siglo XVI se puede hablar de un “efecto impulsor” de esta sobre la villa. Fueron los años brillantes de la Universidad de Alcalá, que culminaron con el destacado papel que sus teólogos tuvieron en el Concilio de Trento (1545-1563). Sus estudios de Teología y, en general, el ambiente intelectual, estuvieron hasta aproximadamente 1530 en la vanguardia de la labor crítica y reformadora “desde dentro” de la Iglesia, que representada en Europa por Erasmo de Rotterdam, se expresaba en España en la idea universitaria de Cisneros. La realización más notable de esta época fua la Biblia Políglota (1502-1507), todavía en vida del fundador.

En el reinado de Felipe II, la Universidad de Alcalá era la cantera más fiable y privilegiada de funcionarios para la Península y para Ámerica. Actividades artesanales y comerciales vinculadas directamente a la nueva vida académica y eclesiástica de la villa tuvieron notable desarrollo, entre las que destacó la edición e impresión de libros, que comenzo en Alcalá a instancioas del propio Cisneros, se consolidó con la edición de la Biblia Políglota y, desde entonces, convirtió a Alcalá de Henares en un gran centro editor.

2º) Entre mediados del siglo XVI y mediados del XVII, la universidad sostuvo la economia y demografía de Alcalá, que estaban en abierta crisis, similar a la de todo el centro peninsular. La vida universitaria y sus actividades asociadas se hicieron más relevantes, aunque no fueron suficientes para contrarrestar los otros factores depresivos sobre la villa; por ellos las tendencias de la población universitaria y las de la vecindad son divergentes. El record histórico de alumnos matriculados (3.500) se alcanzó entre 1620 y 1630, y desde entonces su declive fue continuado, aun cuando en 1650 el número de estudiantes todavía era superior al de un siglo antes.

En 1530 ya se había terminado el “dinamismo reformista” de la Univerdad de Alcalá, como el de otras insitituciones, por efecto de la Inquisición. En toda Europa las iglesias protestantes concentraron en diferentes versiones la mayor parte del ideal renovador: acceso de todo el mundo al saber de las escrituras, aceptación del triunfo y la felicidad terrenales, responsabilidad individual y autocontrol moral, la desacralización de los dirigentes, etc., y la iglesia católica resultante concentró en sí y, sobre todo, en la principal cabeza de su defensa, la Monaquía española, la resistencia de los existente. Tanto más eficientes resultaban las universidades en la ejecución de este papel cuanto mayores medios economicos tuvieran en sus manos y si contaban con unos estatutos que garantizaran los privilegios de es minoría, y la de Alcalá resultó una “corporación perfecta” para tales fines, ayudada también por su cercanía a la Corte y tradición de servicios para con ella.

3º) Entre mediados del XVII y finales del XVIII comenzó la “inoperancia” de la universidad para la vida económica de la ciudad (la villa de Alcalá obtuvo el título de ciudad en 1687). Alumnos, rentas y valoración de la Universidad de Alcalá manifiestan una notable crisis e igualmente les ocurría a la economía y a la población de Alcalá de Henares. El declive demográfico de la ciudad contrasta con la recuperación general de la economía y la poblacíon españolas desde finales del siglo XVII y todo el XVIII y, muy en particular, con los desarrollos agrícolas y manufacturas que se dieron en otros lugares del valle del Henares, vinculados al abastecimiento de Madrid y al impulso de la política ilustrada.

El declive universitario no era exclusivo de la Alcalá sino de todas la universidades de España, cada vez menos relacionada con las necesidades de la sociedad civil.

El pensamiento crítico ilustrado dio lugar a un creciente intervencionismo gubernamental en la universidades: el reformismo borbónico gubernamental, cuya más señalada manifestación fueron las Reales Cédulas de Carlos III, dictadas entre 1771 y 1787 con el fin de “reformar y unificar las univesidades españolas” convencido ya el poder real de la imposibilidad de una reforma derivada de la autonomía de la universidades actualizadas; pero, en la práctica, los intentos de reforma quedaron desnaturalizados al no renovar al profesorado existente, tal vez por no querer o no poder aplicar otros recursos económicos que los ya poseídos por las universidades.

4º Desde entonces la Universidad de Alcalá fue siendo progresivamente “irrelevante” para la vida de la ciudad. Esta irrelevancia llegó a su conclusión en 1836 cuando la universidad se cerró, parte de sus legados académico, bibliográfico y mobiliario se entregaron a la Universidad Central de Madrid en 1821, y con el fruto de la venta de su patrimonio y rentas se construyó un edificio para aquella.

La Universidad e Alcalá, a treinta kilómetros de Madrid, que a juicio de los gobernantes liberales desde el siglo XVIII, no era más que “residencia de gentes petulantes, atentos unicamente a sostener su casta de estudiantes”, que había sido saqueda y paralizada durante la ocupación francesa de la ciudad, que había dado lugar ya a un asentamiento militar permanente en algunos edificios anteriormente universitarios, que había colaborado esperando salvarse con la reacción absolutista, que practicamente no tenía estudiantes y donde muchos de sus profesores acogían con júbilo la oferta de trasladarse a la nueva Universidad Central, fue lógico que definitivamente fuera cerrada y transferida a Madrid en 1836; los colegios menores que pervivían fueron suprimidos en 1843 y el patrimonio inmobiliario de una y otros entró en los procesos desamortizadores que, sin mucho éxito en numerosos casos, facilitaron que muchos edificios se quedaran en manos del Estado y se susituyera así con bastante facilidad la función universitaria de la ciudad por la del establecimiento militar.

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