Por una filosofía activa y vivida

Denso, peor pegado a la vida y al activismo este texto publicado en el último número de la revista madrid15m (página 22) por el Grupo de Trabajo Recuperando Nuestros Espacios de la Asamblea Popular de Alcalá de Henares. Lo publicamos entero y al final, un enlace para recuprerarlo en su edición original. EPR

Toda filosofía es siempre y por principio práctica. Toda filosofía contiene y proyecta vida. Desde la búsqueda de coherencia con este principio, nosotras defendemos la confusión de la vida teorizada en el magma indistinguible del ejercicio de la vida.

Que el horizonte de esta forma de vida, frente a la cual nos enfrentamos y frente a la cual nos queremos reconocer como adversarios, haya dedicado tanto esfuerzo a levantar y defender esa división entre la vida teorizada, entrecomillada, y la VIDA, solo nos ofrece una muestra más nítida y llena de sentido de aquella afirmación: que toda fi losofía ejerce y promociona vida, y es por eso política.

La confusión necesaria que defendemos entre política, filosofía, teoría y vida persigue imprimir una densidad imprevista sobre la expresión “forma de vida”. La forma de vida es el territorio de la batalla, de la insurgencia, de la esperanza y también del desaliento. Es el ejercicio de la vida del que nos queremos responsabilizar sin excusas ni etiquetas; sin apellidos como íntima, pública, privada, teórica, práctica, real, utópica, personal, profesional, etc. Es así que la vía que pretendemos abrir es la de ejercer una forma de vida “en guerra”, cuyo desenvolvimiento tenga como horizonte a cada instante el daño, la fi sura, el debilitamiento de la forma de vida imperial.

Nuestras palabras han de estar entonces aferradas a las pequeñas rebeliones que despuntan silenciadas en los rostros fruncidos, a las insurgencias desenfocadas por los medios de comunicación, a la rabia, a la ilusión, a cada nueva solidaridad que va abriéndose paso. Nuestras palabras no se avergüenzan del compromiso con la vida que arrojan; nuestra palabra quiere ser práctica, enganchada en el movimiento, en el aliento, en la lucha.

Del mismo modo nuestro compromiso tiene que situarse en el territorio de la forma de vida, de ejercer y cultivar una filosofía activa, vivida. Es justamente del reconocimiento de la política en la vida de donde emana la trascendencia de la confusión entre acción, creación y palabras. Nosotras deseamos esta confusión. La palabra debe ser construir y participar, tomar partido en el devenir de la actividad, de los modos de vida. Contra lo que nos rebelamos es por tanto contra aquella palabra resbaladiza, vacía, irresponsable, de la que hace gala la forma de vida imperial y la filosofía que justifica y da sentido a la misma. Queremos resbalar con las palabras, jugar, ponerlas patas arriba, pero queremos juegos y diálogos manchados de tierra y de lágrimas; a fi n de cuentas, co-responsables. Nuestras palabras son las prótesis con las que cada acto se carga, con las que cada nueva solidaridad es eso: solidaridad. Por tanto, palabra como acción; es más, palabra como cre-acción, puesto que cada actividad está viva, no es fósil, segrega objetos, palabras, sentidos, política, est-éticas.

Desde algunos de estos esbozos encaramos “la lucha”, porque queremos que esta palabra se llene de profundidad y crezca en superficie, tanto que llegue a importar poco el propio término; es el uso al que se engancha, su práctica y su entramado con otras palabras, otras ideas y otros sentidos. Esto es justamente lo que intentábamos poner de manifiesto en las líneas anteriores. Frente a aquellos que hacen de luchar cabrearse, estar enfadado con una u otra medida, gritar o lanzar proclamas al viento, mantenerse como usuario (activo o pasivo) de una concentración o manifestación, defendemos la lucha como acción y ejercicio que aspira a transcenderse, a propagarse, a hacerse total.

Objetivar una idea es tomar partido, no exige mística sino acción. “Hacer”, en el sentido que apuntamos (esto es, desde el compromiso político de la vida frente a la forma de vida imperial), efectiva y consecuentemente, es luchar. Tomar conciencia de la filosofía de vida que se quiere asumir y vivir; tomar conciencia a su vez de la forma de vida que de hecho se ejerce, la imperial (con todas las contradicciones evidentes que se dan en cada ejercicio particular de ésta). Actuar desde este convencimiento es la llave para poder ejercer una forma de vida verdaderamente protagonista, y no impostada al “estilo Hollywood”. Ser parte activa, por tanto, de esa filosofía proclamada. No se trata de “dejar de hablar y empezar a actuar”, sino más bien de actuar y hablar en el mismo plano, en el mismo territorio, en la misma brecha que poco a poco vamos abriendo.

Enlace al artículo en su edición original: http://madrid15m.org/numero-15/

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