El extraño caso de la objeción fiscal y los movimientos sociales

En mayo de 1996 el gobierno socialista, para acabar con el potente movimiento de insumisión al ejército aprobó un nuevo Código Penal que suprimía las condenas de cárcel, pero condenaba a los insumisos a una “muerte civil”.  No podían presentarse a opociones, ni recibir becas, ni optar a concursos públicos, ni recibir subvenciones… El gobierno se quitaba de enmedio los cientos de presos de conciencia insumisos.

Para denunciar aquello se hizo una manifestación no legalizada en la plaza de Chueca un viernes por la tarde. La mani ni siquiera avanzó lo suficiente para salir de la plaza. A partir de ahí cargas y carreras por todo el centro de Madrid.
En aquella manifestación no autorizada estaríamos unas 800 personas. Era una acción donde se exponía el cuerpo y donde podían caer juicios y multas. El riesgo físico era innegable. Si hoy mismo se repitieran las condiciones probablemente la asistencia sería la misma.30m

El año pasado menos de un centernar  de personas decidió hacer objeción/insumisión fiscal al gasto militar en el IRPF. Es paradójico que sea más fácil que alguien arriesgue su integridad física que unos cuantos euros. Supongo que también viene de un problema congénito de unos movimientos sociales poco acostumbrados a autofinanciarse para conquistar su autonomía. El tema del dinero siempre da escrúpulos tratarlo, incluso da un poco de asquito. Como si nos sobrase.

Parece como si la acción política y activista es algo que tiene que ser público, visible, con impacto y con un aprovechamiento propio. Con unas cordenadas muy masculinas, dicho sea de paso. En cambio, una acción como la objeción fiscal que es una acción personal, en casa, con calculadora u ordenador, pero que en cambio beneficia a terceros y a la sostenibilidad de proyectos que trabajan para cambiar este modelo de sociedad, en cambio no da glamour activista. Parece que da más miedo el Ministerio de Hacienda que el de Interior.

Llevo diez años haciendo Objeción Fiscal al gasto militar. Y es de las cosas que me siento más identificado. Dicho de otra forma: me crea identidad: yo soy objetor fiscal. Me hace creer que soy “antimilitarista”, que es una de las etiquetas que más estimo y cultivo; y ademas me hace sentirme solidario y compañero de los proyectos a los que destino el dinero que detraigo en el IRPF ya sean las gentes de Sodepau, del Colectivo Tortuga de Alicante, de la Red de Emisoras Comunitarias, del Sindicato Andaluz de Trabajadores, de Lactavida, de Ecologistas en Acción-Alcalá de Henares o de la Red de Hermandad y Solidaridad de Colombia, entre los que recuerdo, de memoria, sin consultar los recibos acumulados.

Para hablar de esto y más cosas nos vemos en el Taller de Objeción Fiscal del domingo.

EPR

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Archivado bajo Alcalá, Antimilitarismo

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